lunes, 19 de septiembre de 2011

Trescientos tres

Pasan veloces las luces.
Trescientas tres batallas en mi mente
que no me dejan dormir.
Al norte, al norte quiero ir.

¡Qué extraño mundo,
qué extraordinaria vida!
Atrapado en un beso de uno,
en una espiral autodestructiva.

Aquí viene el sol,
a través de la tormenta.
Demasiado tarde llegó la musa
y la rima quedó imperfecta.

Y ya no sé qué más escribir;
desesperando, pitillo tras pitillo.
Si tuviese una pistola,
ya habría apretado el gatillo.

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