martes, 27 de diciembre de 2011

Puto mundo

¿Por qué?
¿Por qué estamos atrapados?
¿Por qué todo son piedras y palos
si lo que yo quiero son besos y abrazos?

¿Por qué?
¿Por qué todo gira en torno a nada?
¿Por qué hay mares de lágrimas
si los que yo quiero son de agua salada?

¿Por qué?
¿Por qué ya no ponen nuestras canciones en la radio?
¿Por qué solo veo el rojo en la sangre
si lo que yo quiero es verlo en tus labios?

De mi paso por los infiernos

De mi paso por los infiernos,
te traigo este silencio
que duele, que se clava...

De las huellas que dejé en la ceniza
me quedan las heridas.
De tu sonrisa... no me queda nada.

Perdona toda la sangre,
pero cada vez que pienso en ti
me desangro un poco.

Eterno pasajero, déjame fugarme.
Estoy escribiendo y fumando,
estoy tocando y llorando.

Diamante II

Viajé por su cuerpo eterno, momentos que ni yo mismo recuerdo.
Despierto vacío. Me manifiesto lleno de hastío.
Las galaxias son sitios muy pequeños comparadas con sus ojos:
llora cometas, ve planetas, cierra puertas...
Estoy escribiendo y fumando en mi Torre de Babel, en mi Templo de Salomón;
acércate, ¡qué solo está esto si no estamos los dos!

Volvamos a las noches calurosas de junio, a los poemas de antes...
A pesar de ir todos los días a la mina nunca encontré diamantes.
El silencio... sus manos en mi cuello.
Nuestros besos... en la oscuridad, un destello.
Somos jóvenes pero, ¿cuánto más aguantaremos?
Siempre con pistolas en la mano, ¿no crees que algún día nos dispararemos?

Quiero ser sinuosa música de notas policromadas
y aliviar las heridas como pomada.
Quiero cabalgar las ondas de la nada para olvidar mi frustración pasada;
volver al mar para que mis lágrimas sean bañadas.
Que me atormentan los recuerdos y el presente,
que me agobia el futuro y pensar en no volver a verte.

Diamante

Escuchas canciones que te erizan la piel,
de guitarras color canela que vuelan paralelas
al océano pintado con acuarela.

Desplazando tu mano por la madera,
sintiendo los años del planeta en tu médula.
Cantando con la boca cerrada y soñando durante noches en vela.

Y nos reímos de lo absurdo de todo esto,
de cómo se nos escapa el calor entre los dedos
y el frío nos abraza y nos arranca los pelos.

Y sigo, sigo enfermo y atado;
no puedo, no puedo olvidar el pasado.