domingo, 17 de noviembre de 2013

Ochenta vueltas al mundo cada día

Cuando me despierte
viejo, feo y calvo,
con reflejos
de la matinal belleza
que muere como arena,
me arañará la nostalgia.

Que la mano terrible
me arrope con manto
de otoñal ánimo,
animada esta ánima animal,
besados estos caducos
segundos seculares.

Cuando las sombras
se ciernan sobre mí,
forjen de sus brazos
mi corona,
no tendré salados los ojos
si su reminiscencia evoca
el sabor del sonido
de cada pisada.

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